Llamada perdida Call of Cthulhu – Análisis

Uno de los puntos fuertes de Lovecraft es su forma de abordar lo desconocido. Casi todos sus relatos se basan en un protagonista completamente normal que se ve expuesto a algo extraño que lo sobrepasa, los conocimientos que va adquiriendo hacen que poco a poco vaya cayendo en la locura hasta tener un destino terrible. Por desgracia no encontramos prácticamente nada de esta sensación de misterio y tensión en Call of Cthulhu.

Call of Cthulhu comienza como una aventura de detectives cercana al género negro con una familia muerta en extrañas circunstancias en un pueblo aislado y lúgubre. A pesar de que la premisa arranca con fuerza, el sistema de investigación no podía ser más perezoso. Da la casualidad de haber salido más o menos a la vez que Return of the Obra Dinn y por comparación, el guiado y soso diseño de las investigaciones palidece aún más, consistiendo nuestro trabajo en únicamente ir señalando por el escenario los elementos destacados por la interfaz mientras nuestro protagonista, Edward Piers, elucubra en voz alta. Podemos personalizar las estadísticas de nuestro personaje y esto repercutirá en cómo podemos enfrentarnos a las distintas situaciones. Por ejemplo, si invertimos puntos en investigación tendremos más facilidad a la hora de abrir puertas con la ganzúa, mientras que si nos decidimos por la fuerza podremos forzar mecanismos del escenario. Esto hace que el mismo escenario ofrezca distintas soluciones lo que favorece la rejugabilidad. Esta primera parte resulta un inicio muy prometedor, recorrer el pueblo pesquero y la mansión inicial intentando averiguar cómo murieron los Hawkins resulta bastante interesante.

El problema llega cuando el juego decide convertirse en un Grandes Éxitos de Lovecraft, haciendo una mezcolanza de todos sus tópicos: sectas, animales marinos tentaculosos y pueblos pesqueros deprimentes. Esto, desgraciadamente, se traslada también a la jugabilidad, la cual además de la investigación ya mencionada, tiene segmentos de acción como un Uncharted de baratillo y momentos de sigilo que no solo quitan toda la tensión narrativa al obligarnos a rejugar ciertas partes al ser descubiertos, sino que rompe el ritmo al hacernos dar vueltas innecesarias a un mapa no demasiado inspirado. La investigación tiende a ir perdiendo importancia en pos de una jugabilidad que tiende más a la acción, pero carente de toda personalidad. En las secciones de sigilo podemos escondernos en armarios como en la saga Amnesia, mientras que la atmósfera recuerda a un Dishonored en horas muy bajas. A la hora de interrogar personajes nos encontramos con la típica rueda de opciones en la que podemos escoger distintas líneas de diálogo, algunas se desbloquean gracias a las habilidades de nuestro personaje (si tiene puntos en investigación, por ejemplo) y otras si investigamos el entorno.

Es una pena porque técnicamente nos encontramos ante un título algo pochito con escenarios que se repiten, una dirección de arte poco original y unas animaciones justitas. Lo único destacable es que consigue crear una buena atmósfera gracias a su iluminación y diseño de escenarios. Esta ambientación sería genial para una historia de detectives y entes cósmicos interesante. Por desgracia, no es el caso. La trama va dando tumbos, los personajes no tienen una función completa y hay varios elementos que no se explican bien. Call of Cthulhu cuenta con una mecánica de cordura de la que el propio juego se olvida a veces, muchas secciones tiran por el recurso de que todo era un sueño (sin ser un capítulo de Los Serrano ni nada de eso).

Ni siquiera resulta un acercamiento a la obra del escritor de Providence demasiado inspirado. Cae en clichés y tópicos y no aporta nada nuevo que no se haya hecho antes mejor. Bloodborne, Cultist Simulator o Darkest Dungeon son bastantes mejores opciones para los fans de Lovecraft, mientras que los fans del terror probablemente disfruten más con Resident Evil 7 o Alien IsolationEn cualquier caso, este Call of Cthulhu está mejor como el propio Cthulhu: lejos de nosotros.

Acerca de Kitsune

Me gusta el pan y Sebastian Castellanos.

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