Spooooooky Draugen – Análisis

El draugr o draug es una criatura no muerta de la mitología nórdica. Aunque se asocie con una especie de zombie guerrero con mucha fuerza, la palabra en su origen significaba fantasma. Y justo eso es lo que es Draugen en esencia, una historia sobre fantasmas.

Edward y Lissie son invitado a Graavik, un pueblo de la costa noruega a través de una carta en que les dicen que tienen pistas del paradero de la hermana de Edward, Betty. Allí descubren no sólo que los remitentes de la carta han desaparecido, sino que el resto de los habitantes también. En este idílico paisaje y rodeados de montañas y prados verdes, tendremos que averiguar qué ha pasado en el pueblo y dónde está Betty.

Las mecánicas de Draugen son sencillas: tendremos que investigar las casas, el paisaje costero y las pistas que nos va dejando Betty repartidas por ahí. Podremos deambular libremente por el escenario, charlar con nuestra compañera Lissie o sentarnos tranquilamente a dibujar. Es un juego que se beneficia de la calma y la atención, por lo que a pesar de que la intriga de la trama apremie, es mejor ir despacito y disfrutar de la preciosa dirección de arte, ambientada en los años 20.

Sin duda, el punto fuerte de Draugen es la pareja protagonista. Lissie es divertida y pizpireta, un poco como una manic pixie dream girl que habla como un personaje de El gran Gatsby. Su pasatiempo favorito es hacer el pino por ahí y sacar de quicio a Edward. Edward, por otro lado, es el típico hombre de mediana edad serio que sirve como contrapunto dramático a su alegre compañera. Durante sus conversaciones podemos elegir entre varios temas, los personajes se interrumpen y Lissie se enfada si no la miras cuando habla, haciendo que sus interacciones se sientan fluidas y naturales.

Aunque la trama es entretenida y tiene un cierre bastante redondo, el planteamiento la puede hacer parecer algo que no es. Por el atuendo de Lissie (chaqueta y gorrita) y el porte serio de Edward podríamos pensar que estamos ante otra aventura detectivesca al más puro Sherlock Holmes. Pero nada más lejos de la realidad, como ya he dicho estamos ante una historia de fantasmas, que coquetea con el fantástico y lo paranormal. Al fin y al cabo, Draugen en sus orígenes iba a ser un juego de terror.

Que se acerque de las convenciones de los juegos de detectives no es nada malo en sí. Una vez nos metemos en el ambiente de Graavik y nos dejamos llevar por sus dramas familiares y los propios traumas de Edward, Draugen demuestra ser un título muy interesante. A lo mejor su conclusión podría huir un poco más del cliché, pero qué le vamos a hacer, las historias de fantasmas siempre son bienvenidas.

Acerca de Kitsune

Me gusta el pan y Sebastian Castellanos.

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