Kono dio da! Bloodstained – Análisis

En los últimos años parece que el metroidvania goza de una salud estupenda. Hollow Knight, Dandara, Iconoclasts, Timespinner son todos juegos excelentes. Sin embargo, a veces con un buen diseño de niveles en dos dimensiones y el acostumbrado backtracking no es suficiente y lo que se echa de menos es el ambiente, el dramatismo y las tramas vampíricas. A veces lo que te apetece es la parte -vania de Metroidvania, y aunque los Metroid son estupendos, ningún otro videojuego nada tan bien en esa combinación de vidrieras, arcos apuntados y seda como la saga gótica por excelencia.

Bloodstained: Ritual of the Night ha venido justo a coger ese relevo, funcionando prácticamente como una secuela de Symphony of the Night, con el que comparte mecánicas, decisiones de diseño e incluso personajes. No obstante, esos veintidós años de Symphony of the Night pesan y Bloodstained ha sabido aplicar un buen lavado de cara, las habitaciones para guardar ahora están colocadas de un modo más equilibrado, el personaje se mueve con mayor fluidez y la experiencia en general es más ligera, manteniéndose retante pero sin caer en la sensación de estar realizando una tarea en lugar de jugar a un juego.

El diseño de niveles es el que ya conocemos: llegamos a un castillo más o menos abierto a cuyas zonas vamos accediendo según las habilidades que consigamos (el doble salto, volverse un rayo de luz, etc). A éste clásico diseño se le han añadido algunas misiones secundarias que consisten en vengar a los habitantes del pueblo (convenientemente llamados como personajes de los Castlevania) matando a ciertos enemigos, conseguir objetos y entregar platos cocinados. También podremos craftear armas, prendas y pociones y cocinar. Al igual que en la vida real, la comida casera da un plus de salud y algunos bonus en las estadísticas, los alimentos los iremos encontrando por el castillo, los podremos comprar o cultivar con la ayuda de un amable campesino.

Con la ropa además de cambiar ligeramente el aspecto de Miriam (también podremos cambiar peinado, color de ojos, piel y pelo) conseguiremos mejorar ciertas estadísticas como puntos de vida, defensa, puntos de ataque o defensas elementales. Bloodstained es muy flexible y nos permite distintas builds que se ajusten más a nuestro modo de juego: potenciar magia, daño físico, conseguir más experiencia, etc… A lo largo de la aventura conseguiremos fragmentos al derrotar enemigos, estos fragmentos nos darán habilidades como invocaciones, hechizos, algunas imprescindibles para progresar en el castillo.

A pesar de que jugablemente no tiene a penas ningún problema (a lo mejor la curva de dificultad podría ser un poco más regular, especialmente en los jefes), nos encontramos con una estética mucho menos inspirada que a la que nos tenía acostumbrados Ayami Kojima, con diseños genéricos para los personajes muy alejados de la elegancia y el carisma que les daba la artista japonesa. Precisamente por ser la dirección de arte uno de los puntos fuertes de la saga en sus juegos en 2D resulta aún más evidente lo pobre que es Bloodstained. Recargada a más no poder hasta el punto que resulta difícil distinguir entre fondos y enemigos. No existe prácticamente ningún tipo de jerarquía visual para facilitar la lectura de los escenarios por lo que todo brilla y tiene el mismo acabado sea jugable o no. Durante nuestros paseos por el castillo esto no es excesivamente molesto, pero en ciertas peleas contra jefes hace que la imagen se llene de ruido. Por lo menos nos queda Bloodstained: Curse of the Moon, que aunque retro, tiene una dirección de arte mucho más inspirada.

Si algo también destacaba en Symphony of the Night eran las animaciones, especialmente el fluidísimo ciclo de caminado de Alucard en el que su melena y capa ondeaban al viento de forma casi hipnótica. Esta decisión no era arbitraria, ya que íbamos a pasar muchas horas viendo a Alucard corretear arriba y abajo en Konami decidieron que esta animación fuera especialmente satisfactoria. Es una pena que no se pueda decir lo mismo de Miriam, cuyas animaciones son mucho menos dinámicas. Lo mismo se puede decir de casi todo el resto de enemigos y personajes, lo cual empeora pues la versión analizada (PC) tiene ciertos problemas de optimización y los frames caen como los murciélagos del castillo.

A pesar de su irregular framerate y no ser un juego tan icónico como Symphony of the Night, Bloodstained tiene un apartado jugable lo suficientemente sólido como para ponerlo a su altura. Felicidades, Igarashi.

Acerca de Kitsune

Me gusta el pan y Sebastian Castellanos.

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