La nostalgia no lo es todo Strafe – Análisis

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Hoy toca montarnos en la máquina del tiempo e irnos a 1996, una época con juegos de tiros sin ningún miramiento y con violencia y sangre por doquier. ¿Será agradable la vuelta al pasado? Para responder a esta pregunta, hablaremos un poco de Strafe uno de los últimos juegos nacidos en KickStarter que ha recogido bajo su ala Devolver Digital.

Strafe se presenta como un FPS roguelike que intenta recuperar la esencia de juegos como Wolfenstein o Quake, frenetismo al máximo y festivales de disparos. Y hay que reconocer que no es algo en lo que falle. Nada más empezar a jugar con la configuración que nos dan por defecto, ya empezamos a ver dicho frenetismo, corremos muy rápido y la sensibilidad del ratón está a un nivel algo irrisorio, solo hace falta darle un toquecito al ratón para pillar un buen mareo. Y eso solo en el menú, no hablemos ya dentro del propio juego. Esto no deja de ser una declaración de intenciones de Pixel Titans, la desarrolladora del juego. Y sí no nos gusta, ahí tenemos las opciones para recalibrarlo todo.

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Una vez ya lo tenemos todo a nuestro gusto escogemos armas y aquí llega uno de los primeros problemas, solo tenemos 3 armas entre las que elegir: una escopeta, un rifle y un cañón de rayos. Cada una con su disparo normal y con otro secundario. Por ejemplo, en el caso de la escopeta, su otro disparo es parecido al cañón de rayos. Menos variedad aún. Parece una tontería pero hablamos de un juego en que estaremos volviendo a empezar una y otra vez debido a su dificultad y no tenemos apenas variedad de armas. Solo veremos variación en los escenarios ya que son procedurales, pero eso lo trataremos luego. Es cierto que una vez en partida podremos conseguir mejoras para las armas principales que pagaremos con la moneda del juego, la chatarra. Al igual que podemos comprar otras cosas como mejoras de escudo. Y que también hay armas secundarias repartidas por los niveles, pero eso no basta, al final tendremos cierta sensación de monotonía mientras jugamos.

Y hablando de los escenarios procedurales, se agradece que cada vez que empieces una partida sea diferente a la anterior, más aún cuando estamos hablando de un juego donde la historia no nos importa demasiado, estamos aquí para pegar tiros y pasarlo mal. Hay que reconocer que después de algunas partidas le ves un poco las costuras al sistema de creación de niveles, pero no te fijas demasiado en eso salvo que tengas muy mala suerte y empieces siempre en la misma sala, pero eso no pasa.

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Metiéndonos más en el gameplay hay que decir que cumple lo que promete, Strafe es un juego muy frenético, estas todo el rato corriendo y disparando y ahí es cuando se agradece mucho la banda sonora del juego. No es algo a lo que hayan dedicado poco tiempo, no es la misma factura pero podríamos compararla con la de DOOM (2016) ya que le viene como anillo al dedo. La sensación de frenetismo no decae mientras estamos jugando y eso ayuda mucho a seguir jugando aunque nos maten. Momento en que hay que reconocerles un detalle que tienen este tipo de juegos arcade como OlliOlli, el reinicio rápido de la partida, muy útil para seguir “cinco minutos más”  y atraparnos unas cuantas partidas más matando bichos.

Pero tenemos otro pequeño problema. Strafe es un juego de matar sin pensar, de ir por ahí escopeta en ristre y acabar con todo lo que se mueva pero los monstruos a los que disparamos no parece que les estemos haciendo nada. Da igual si le das un escopetazo en la cara a un bicho con casco si lo único que pasa es que se le quitará el casco y seguirá corriendo hacia ti, como si no le hubiésemos hecho nada. Esto también amplifica el agobio y la necesidad de estar todo el rato corriendo. Le viene al juego por el planteamiento que le dan, pero jugablemente no es satisfactorio para el jugador, ya que crea la sensación de estar disparándole gominolas a una cosa que viene corriendo a matarme.

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Vuelvo a repetir por enésima vez que Strafe es un juego frenético y con una banda sonora muy apropiada, pero no deja de ser un juego cumplidor. Esto ocurre muchas veces con KickStarter y es uno de los males de la nostalgia, queremos repetir lo que teníamos antes pero hay que darse cuenta que no podemos volver. Lo pasado, pasado está. Hay que seguir evolucionando y este tipo de experimentos de coger el DeLorean y traer a 2017 un juego de 1996, no suelen funcionar bien del todo.

Pero no me malinterpretéis, si os gusta los modelados a lo old-school con pocos polígonos y los juegos rápidos y muy difíciles, aunque a veces sea algo artificial, es una buena alternativa. Encontrareis algunos guiños que os encantarán y os pasaréis bien durante unas cuantas horas. Pero no os va a dar más que un Wolfenstein: The New Order o el recién anunciado Wolfenstein: The New Colossus o el DOOM del año pasado. Pero al final y como siempre, cada uno escoge lo que más le gusta y Strafe gustará a mucha gente.

Acerca de Diego Rivera

Jugador desde pequeño, propósito de músico y apasionado de la tecnología. Intentando sacar ingeniería de telecomunicaciones. Aprendiendo cada día un poco más de la prensa de videojuegos.

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