Por un puñado de loles West of Loathing – Análisis

Encabezado West of Loathing

El arte tiene cierta aversión a la comedia. Pese a su presencia constante en casi cualquier formato desde el principio de los tiempos siempre ha recibido un trato menor con respecto al drama. Un trato como de cierto desdén. Si en el teatro griego las comedias nunca eran las estrellas de las panatenaicas nuestro presente sigue a la par y solo reconoce parcialmente la labor de los que se dedican al humor.

Rara vez uno va a encontrar una comedia premiada con un Oscar, no hablemos ya un actor o actriz. Los Globos de oro tienden a separar comedia de drama como si fuesen algo parecido al agua y al aceite. Al menos los Globos de oro reconocerán el trabajo y el esfuerzo que suponen hacer comedia con categorías específicas, pero no mezcle porque no sienta bien.

The secret of Monkey Island

West of Loathing el RPG ambientado en un lejano oeste fantástico (en todos los sentidos) tiene la virtud es una buena comedia de principio a fin, algo que le pone al nivel de dificultad creativa de mitos como The Secret of Monkey Island. West of Loathing debería ser un ejemplo sobre cómo hacer apología del género de la comedia. Asymmetrical no siente vergüenza alguna en este juego y saca pecho palomo.

Esto del rechazo a la comedia no es un pecado solo del arte. Otras disciplinas como la filosofía siempre han mantenido tanto al humor como a la comedia en un segundo plano, aunque haya notables excepciones. Hegel, además de ser un profundo tostón, ejerce un elaborado ejercicio de retórica irónica en la Fenomenología del Espíritu; si lo has leído y no le pillas la gracia, no te preocupes, los alemanes no son graciosos. Kant (también alemán) apuntaba todos los chistes que hacía en las fiestas para no repetirse: un trabajo de un artesano cómico, solo que dudo que lo hiciese para evitar que su repertorio sonase viejo; Berger tiene un libro sobre la risa, pero es tremendamente aburrido, así que mejor pasar… Freud, el padre del psicoanálisis, escribió sobre los mecanismos inconscientes del chiste y el libro está lleno de chistes suizos… incluso algunos tienen gracia.

Umberto Eco postuló en El nombre de la rosa la posibilidad de que un monje enloquecido (trasunto de Jorge Luis Borges) se convierta en serial killer para evitar que se leyese el libro perdido sobre la comedia del filósofo Aristóteles. La risa es mala por varios motivos según este monje loco: deforma el rostro, nos pone a la altura de los animales y, además, Cristo nunca rió. Kant también advirtió contra la risa irónica porque el problema del comediante es que no sabemos cuándo se compromete con lo que está diciendo y cuando no, por lo que sería adecuado evitarla. Gracias a la redes sociales estas palabras de Kant resuenan con más fuerza ahora que en el S. XVIII .

Pero la comedia, como la vida, siempre acaba abriéndose paso y los videojuegos son un campo fértil para que esto suceda. De hecho, su carácter de juguete (a veces a su pesar) y el san Benito que lleva de ser un entretenimiento ligero permite que hasta los temas más controvertidos puedan frivolizarse y convertirse en comedia. No puede entenderse el éxito de Rockstar si uno no es capaz de ver su peso cómico, la astracanada de géneros que ofrece su pastiche. Sin embargo, pocos juegos son graciosos más allá del punto de partida (a Double Fine le suele pasar esto).west of loathing Antihype

En estos intersticios por donde el humor se cuela en los videojuegos surgen delicias que merecen nuestra atención. Como dije, West of Loathing, el RPG enloquecido de Asymmetrical Publications, pone un listón muy alto sobre cómo hacer un juego por y para la comedia.

Cuttlas antihypeWest of Loathing parte como una especie de continuación de Kingdom of Loathing, un RPG para navegador que aún puede jugarse y es gratuito. West of Loathing es un “más y mejor” si se compara con Kingdom. Ambos juegos comparten una estética de “glorioso blanco y negro” que acompaña al estilo de dibujo minimalista. Tal vez habría que decir “infantil” en lugar de “minimalista” pero no es exactamente ni una cosa ni la otra. Los personajes de West of Loathing son dibujos de cuatro palos como los que hacen los niños. Dada su ambientación de western me es inevitable acordarme de Cuttlas, unas tiras cómicas que recurría a la misma idea de simplificar al máximo el dibujo y concentrase en otras cosas. Pero además de la estética y cierto parecido de familia el resto de mecánicas es bien diferente.

Todo lo que West of Loathing propone está pensando por y para la comedia, además de para la diversión del jugador, con lo difícil que eso resulta. Después de que elijamos entre las tres clases que hay para nuestro personaje (Golpeador de vacas, Mago de Frijoles, Engrasador de serpientes) nos embarcamos en una historia aparentemente lineal que oculta un diseño bastante intrincado de misiones secundarias. Mientras que la campaña pretende que llevemos un tren desde el pueblo de Dirtwater hasta Frisco, las historias secundarias son la crema de este pastel. Necromantes que levantan esqueletos; vacas del infierno que quieren conquistar el páramo; Goblins saqueando las despensas de los saloons; hippies que fabrican pociones mágicas; payasos asesinos; fantasmas amantes de la burocracia; y, por supuesto, la construcción del museo de frijoles.

Como puede apreciarse, el mundo de West of Loathing juega con los tópicos del género de fantasía aplicados al wester. Según Zack Johnson, uno de los fundadores del estudio y principal escritor de West of Loathing junto a Riff Conner, los tropos de la fantasía  funcionan igual o mejor en el Oeste porque mantiene el espíritu de la dragonada: tesoros, villanos, dungeons, etc. Si además le añade uno un barniz fantástico con goblins o esqueletos que se levantan de la tumba lo que tenemos es un RPG clásico en un entorno diferente.

Las virtudes de West of Loathing son muchas. Aunque dura poco (unas seis horas) su estructura de mundo abierto permite continuar la partida después de terminar la campaña. Es bueno que su duración sea tan ajustada porque permite controlar mucho mejor el tempo de la comedia. Alargar los chistes tampoco ayuda al humor, por lo general. Su estructura de mundo abierto es intrincada y compleja. Como digo, no tiene nada que envidiar a los mundos de triple A en ese sentido. La única diferencia fundamental es que en West of Loathing todo sucede con urgencia y en lugar de echar 100 horas dando paseos aquí se va al grano.

El combate es por turnos y no acaba de ser satisfactorio. Resulta funcional pero no da ni para mucha sorpresa ni para demasiada estrategia: es fácil prever el resultado del combate porque después del primer turno puedes calcular con facilidad lo que sucederá. Por otra parte, Zack Johnson confiesa a Rolling Stone que no se siente del todo bien con el combate.

“En el resto del juego tienes muchas opciones. Podríamos haber hecho un trabajo mejor. Me di cuenta de esto demasiado tarde durante el desarrollo, tenía que haber sido un juego donde el combate es opcional y no un elemento obligatorio”.

De hecho, muchos combates se pueden evitar mediante habilidades y diálogo pero es cierto que hubiese ganado mucho este juego si se quitase la rémora de los RPG tradicionales, como los encuentros aleatorios que solo son combate. En cualquier caso es un detalle menor si lo comparamos con el fantástico juego que es West of Loathing. Otra de las contras para muchos hispanoparlantes será el que solo se pueda disfrutar si se sabe inglés, pero de eso no tiene la culpa Asymmetrical.

En definitiva, West of Loathing merece mucho la pena en demasiados sentidos. Merece ser jugado aunque solo sea un puñado de loles. Eso sí: magníficos.west of loathing

Acerca de Alberto Murcia

Doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III y tecnófilo. Dedico parte de mi tiempo a escribir sobre videojuegos en esta casa tan acogedora. También colaboro en El Estado Mental, Irispress, Zehngames, Deus Ex Machina y Anaitgames

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