El erizo, como el fenix, también resurge de sus cenizas. Sonic Mania – Análisis

El ser humano, quizá desde antes de ser humano, siempre ha tenido la necesidad de representar cómo ve el mundo que le rodea. Algo dentro de nosotros desea compartir o simplemente figurar una visión, una idea. Un sentimiento. Los primeros vestigios de este impulso se encuentran en cuevas como la de Nerja, en Málaga, donde algunos investigadores dataron las pinturas rupestres allí halladas con una antigüedad de entre 43.500 y 42.300 años. Aquella pudo ser la primera representación pictórica de nuestra historia.

Dentro de nosotros hay cosas que necesitan salir, lo piden a gritos, y por supuesto también nos pide interpretar los pensamientos y sentimientos de otras personas. Desde las obras pictóricas a las sonoras en la prehistoria, hasta las más modernas técnicas de filmación y grabación, pasando por el gran avance que fue la imprenta para desarrollar y compartir ideas, siempre hemos tendido a fomentar esa faceta nuestra, la que nos pide ser comprendidos o simplemente existir.

Como es tristemente ya natural en el ser humano, todo ha de ser capitalizado. El arte no podía ser una excepción. En la edad media, si los artistas querían vivir de ello, lo más común es que dedicaran alguna de sus obras a la realeza, como hicieron en su momento Velázquez o Goya, que no se conoce precisamente por simpatizar con ellos, como se puede ver en el retrato de la familia de Carlos IV. Como mínimo, estos artistas acababan trabajando para la nobleza, que eran quienes se podían permitir este tipo de retratos.

En la década de 1960′, Andy Warhol fascinó al mundo con su uso de la serigrafía, aprovechando esta técnica mecánica para reproducir fotografías de otros artistas. Se cuenta que Warhol lo que pretendía era burlarse de una sociedad de masas donde el arte popular -pop art- no tenía un gran valor artístico, únicamente consistía en copias y más copias de marcas y personajes conocidos en ese momento. De ser verdad, esta burla logró encontrar una grieta en aquella mercantilización del arte, consiguiendo la admiración de el gran público y convirtiéndose así en uno de los mayores referentes de esta corriente de una manera un tanto irónica. Como tantas anécdotas en los ámbitos artísticos, este hecho no está demostrado aunque es un rumor que se comenta a gritos en ciertos círculos.

En 1991, Sega necesitaba una respuesta a la mascota de Nintendo, Mario. Tras no pocos quebraderos de cabeza, en la época de los 16 bits nació Sonic the Hedgehog, que con su primer título logró entrar en el corazón de los jugadores de aquella época. De hecho lo sigue haciendo a día de hoy. Tanto es así, que el impacto que tuvo en aquél momento y algunos de sus títulos posteriores no ha logrado ser reproducido por esa saga de Sega, y no por no intentarlo.

Antes de tener la ocasión de tener entre las manos Sonic Mania en el ambiente se respiraba principalmente entusiasmo, pero también duda. No sabíamos hasta qué punto iba a aprovecharse de los sentimientos de nostalgia al contar con una estética de 16 bits, ya que en los últimos años el mercado ha ido enfocándose en lo retro como artículo de consumo apelando al cariño de los recuerdos

Sonic Mania no podría ser mejor homenaje al viejo erizo azul, demostrando una vez más en el medio que el pixel art no solo es perfectamente vigente a día de hoy, sino que seguramente mejor opción en casos como este. Si te preguntas si lo mejor que tiene este título es su apartado gráfico, la respuesta sería un claro y rotundo no.

Aunque el apartado artístico es de destacar, Sonic Mania cuenta con uno de los diseños de niveles más enrevesados, caóticos y pese a eso, fascinantes y orgánicos que he visto en mucho tiempo. Avanzar a toda velocidad pantalla tras pantalla concede una satisfacción difícil de emular y al hacerlo de esta manera el juego te premiará con unos puntos extra por tiempo, pero te dejarás cantidad de secretos por el camino. Saltar sobre los roboces que nos vayamos encontrándonos por el camino para liberarlos de la tiranía del Dr. Eggman quizá no sea una mecánica novedosa, pero sí es una base jugable muy fuerte que justifica cantidad de situaciones nunca antes vista en Sonic.

Nuestra misión encarnando al erizo no nos pillará de nuevas, como comentaba antes, tendremos que liberar a todos los animales del mundo en el que habitan, ya que el Dr. Eggman los ha capturado y, con ayuda de implantes biónicos, su deseo es hacerse con las Gemas del Caos acabando con Sonic por el camino.

Además de los variados enemigos que caracteriza esta saga, nos encontraremos un buen puñado de jefes finales, que pese a su limitada dificultad, no se quedan ni de lejos cortos en variedad de movimientos y por supuesto originalidad. Incluso podrá haber alguno que podrás reconocer de anteriores títulos, pero tendrás que llegar hasta ellos para descubrirlos.

Sonic Mania tiene claro que lo que busca es una campaña completa, pero no por ello lo deja ahí, y tiene algunos modos de juego accesorios que cubren un hueco bastante importante, tanto para el que quiera jugar solo como para quien quiera hacerlo en pareja. Por una parte, además de Sonic podrás completar la campaña tanto con Tails como con Knuckles, cada uno de ellos dotado con una habilidad diferente: volar durante un breve periodo de tiempo y planear para desplazarse más rápido respectivamente. Estas cualidades te ayudarán a explorar mejor los mapas en busca de los preciados bonus que te proporcionarán esas gemas del caos. Esta campaña también estará disponible en modo cooperativo con dos jugadores, controlando a Sonic y a Tails. Es cierto que este modo dual también se puede acceder con una sola persona, pero carece de sentido, ya que el Tails controlado por la CPU no aportará nada a la partida, sólo te seguirá por los mapas y de aquella manera.

También encontraremos en el menú el típico Crono, que no puede faltar, que consistirá en un contrarreloj. Ese modo que podría quedar en segundo plano para algunos, pero que sin él faltaría algo. Por último entraremos en los piques, en la competición. Si antes hablábamos de un juego cooperativo en el que te debes unir a alguien para completar los niveles, en este es justo lo contrario. Un modo de pantalla dividida en la que competirás con tu compañero o compañera para ver quién es mejor jugando a Sonic, contando anillos, objetos y el tiempo invertido en el nivel.

En definitiva, el título que todo fan de Sonic estaba esperando y que no decepciona a nadie. Sonic Mania gustará tanto a veteranos de la saga como a quien no tenga una idea muy clara de quién es o el referente más cercano a Sonic sea Sonic Boom. Un juego de plataformas símplemente imprescindible.

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Yo sólo quería ser un pirata ¿Es mucho pedir?

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