No eres tú, soy yo Dark Souls III: Ashes of Ariandel DLC

Dark Souls 3: Ashes of Ariandel

No eres tú, soy yo. Ya sabes, Dark Souls III, que eres mi juego del año. Y eso que, al menos hasta agosto, cada mes han ido saliendo los mejores juegos de esta generación. Veremos como cierra, pero difícilmente alguno va a superarte. La verdad que tampoco es que seas el mejor Souls, incluso a la larga prefiero la velocidad y el ambiente de Bloodborne, pero creo que es justo reconocer la saga de juegos más interesante de los últimos años reconociéndote el mérito. Aunque sea por lo que hicieron tus antecesores.

Sin embargo, por mucho que lo intente, el DLC Ashes of Ariandel me resulta decepcionante. Ya digo, seguro que no eres tú, sino que es cosa mía. Porque en Ashes of Ariandel están todos los elementos que han hecho bueno a Dark Souls. Es cierto que no está ni de lejos tan elevados como otros momentos en Dark Souls III, pero el paraje desolado, ese pueblo maldito y el retorcido mapa merece la pena. ¡Ah, y qué gran final boss! Una pelea épica que recuerda a lo mejor de Bloodborne. Los enemigos son imaginativos, no demasiado inspirados, eso sí, pero cumplen y se adaptan bien al entorno de Ariandel. Lo mejor, esa especie de Freddy Krueger mortífero y esos hombres cuervo en el pueblo maldito.

Pero si hablamos de poca inspiración, debes reconocer que en este caso no lo estaban demasiado en el equipo de desarrollo. No se sabe bien si porque andan con otros juegos más importantes y el contrato con Bandai Namco que les obliga a sacar dos DLC se les ha hecho bola en el estómago y quieren a solucionarlo como las superestrellas de la música –recopilatorio y canción nueva para figurar –o es que se van a esforzar solo en el último DLC y darle así a Dark Souls el cierre que merece. Porque, si me permites, esto no está a tu altura. Ni de lejos.

Si comparamos este DLC con cualquiera de Dark Souls II o, sobre todo, con el imprescindible The old Hunters para Bloodborne, no hay color. Ni el incentivo de la arena PvP ni las nuevas armas (algunas brutales) levantan el resultado final. Es corto, poco relevante y tampoco es que mejore sustancialmente la experiencia que ya estaba en Dark Souls III. Los fanáticos del lore de Dark Souls seguro que encontraran delicias turcas entre los despieces de Ariandel, supongo. No es mi caso: aquí prefiero enterarme con los vídeos de VaatiVidya. Repito, no eres tú, soy yo.

Dark Souls 3: Ashes of Ariandel

Reconozco que soy bastante torpe y recuperar la forma que tenía con Dark Souls me ha sido imposible. Necesitaba más gimnasio del horror y vine al DLC con un personaje dopado pero que prefirió saltarse la pretemporada. En Dark Souls el exceso de confianza se paga. Pasarme el DLC (con jefe opcional) me llevó como 6 horas. Pero si alguien con mayor habilidad recorre el paisaje pintado de Ariandel no debería llevarle más de 3. Es muy poco para lo que nos tiene acostumbrado Hidetaka Miyazaki. La duración más los otros problemas destilan una sensación de dejadez demasiado evidente como ese momento (terrible) cuando el avatar se deja caer por una pendiente resbaladiza en lo que puede ser la peor animación que nos han dejado en toda la saga. Desgana que, al menos a mí, es el sentimiento que más me ha calado. Cuando aquello despega resulta que es el boss final. Fabuloso, por otra parte. Tampoco es que una duración mayor necesariamente convierte a un producto en mejor –en Antihype cada vez somos más de juegos cortos pero contundentes –pero en el caso de Ashes of Ariandel la duración sí está reñida con el diseño. Es corto porque parece que no querían que fuese más largo y cómo han construido el mapa y la situación de trampas y enemigos denota que preferían tirar de fórmula y a otra cosa. Si algo nos pone a los jugadores de los Souls es ese click mental cuando al abrir una puerta descubrimos que puntos del mapa aparentemente alejados están, en realidad pegados. Aquí sustituyen esa elegancia distintiva de la saga por algunas soluciones un tanto chapuceras, como la de los árboles que sirven de puente para llegar a lugares inaccesible o conectar secciones. Aquí, más que nunca, tenemos la mala sensación de que las hogueras sirven como checkpoints.

Sea como fuere, es un pequeño traspiés en una carrera excelente. A todos nos pasa y tú no ibas a ser menos. Y seguro que el problema que hemos tenido es una cuestión mía, que otras personas van a saber disfrutarte como te mereces. Por desgracia, esas horas que hemos pasado de nuevo me dejan indiferente. Espero que cuando nos volvamos a reencontrar con el segundo DLC esté con la actitud que te mereces. In the mood for love.

Dark Souls 3: Ashes of Ariandel

Acerca de Alberto Murcia

Doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III y tecnófilo. Dedico parte de mi tiempo a escribir sobre videojuegos en esta casa tan acogedora. También colaboro en El Estado Mental, Irispress, Zehngames, Deus Ex Machina y Anaitgames

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