Gracias Obsidian Imaginación, ese pilar

 

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La imaginación es algo maravilloso, con una caja de cartón de niños nos sentíamos el rey feudal de turno, de un poco más mayores soñamos con la pareja perfecta (aquellos que aún no tengáis la suerte) y en este país con cosas que deberían de ser triviales como casa y trabajo. Todos nuestros mayores siempre nos dicen que la imaginación era su juguete más preciado y que en su momento la televisión y ahora los videojuegos nos diezman dicha capacidad.

Y no voy a ser yo quien les vaya a quitar un gramo de razón a nuestros queridos abuelitos, mientras tecleo estas líneas pienso en lo depurados que están ciertos títulos a nivel argumental, como pudiera ser Tomb Raider, donde todo está atado y bien atado o en juegos de mecánicas como son los e-Sports.

Los primeros no hacen volar nuestra imaginación, nos lo dan hecho. Podemos imaginar que Lara explora distinto tipo de ruinas o colecciona otros tesoros más allá de lo que vemos o más bien hacemos en pantalla, pero alcanzaría la categoría de fanfiction regulero. En los segundos podemos creer que hay una historia detrás de nuestros movimientos en Street Fighter, pero estos juegos no nos invitan a ello.

Estos días he tenido el gusto de probar un tipo de juego que nunca había tenido el valor de tocar; se trata de Pillars of Eternity. Los RPG de corte clásico: vista isométrica, textos eternos,  gráficos discretos pero muy artísticos y mundo, historia y teopolíticas enormemente ricas, fueron abanderados por los títulos de Black Isle Studios, que recogían todo lo que dieron los famosísimos juegos de rol de mesa de Dragones y Mazmorras.

Nos invita a pensar en la historia de las localizaciones
Nos invita a pensar en la historia de las localizaciones

Dichos divertimentos atrapan y mucho. Hacen que se cree una ilusión colectiva, una creatividad cooperativa entre todos los participantes donde cada uno de ellos se enriquece de lo que aporta el otro; ese es el papel que a mi juicio trata de hacer el propio juego con la IA y con todo lo que nos pone a disposición, pero siempre dándonos la sensación de ser el “amo de nuestro destino, capitán de nuestra alma” como bien dicta el poema “Invictus”

Las mecánicas han ido lastrando las posibilidades, cambiamos píxeles de explosiones por finales de un juego; gunplay por resolver disputas y misiones con nuestra labia y carisma. Para mí este atracón de horas leyendo conversaciones con un tabernero, estudiando que equipamiento usar o que puntos hay que subir ha supuesto un reencuentro con la infancia, con Tolkien, con C. S. Lewis, incluso con la caja de cartón.

Me he puesto muy “poser”, pero tranquilos, no abogo por la muerte del triple A ni mucho menos, la reflexión a la que quiero llegar no es ni mucho menos que todo tiempo pasado fue mejor, simplemente tengo la sensación de que nos estamos volviendo inmunes a las mejoras gráficas y de producción que antes nos maravillaban. Toda la industria se pelea por los 1080p o los 4k incluso silenciando las primeras impresiones que nos vienen de juegos exclusivos con deleitantes improntas visuales pero que los números, malditos números , nos dice que es peor si no llega a x FPS.

Hemos venido a disfrutar. Cada día más gente se ve tropecientos vídeos y comenta en otros tantos twits y lo que es más sangrante, se busca la aprobación a cada decisión tomada. Si todo el mundo dice que Metal Gear Solid V es una chusta, yo voy a ser el que más a caldo lo ponga incluso reprimiendo opiniones contrapuestas.

Por todo esto valoro tanto lo que me ha pasado con Pillars of Eternity, porque la imaginación me ha hecho reencontrarme con el medio, rompiendo las barreras que yo mismo me había impuesto sobre la dificultad y lo engorrosos que son los RPG’s de este tipo. Pillars es más por todo lo que no tiene, por ese intangible que nosotros creamos.

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E-sports y más. Reflexiones desde la experiencia y la inexperiencia.

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