Valió la pena esperar una eternidad Pillars of Eternity – Análisis

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“Contemplar un mundo en un grano de arena. Un cielo en una flor silvestre. Sostener el infinito en la palma de la mano. Palpar la eternidad en una hora. Todo es posible” – Anónimo

La gruesa puerta de madera de la taberna Pillars of Eternity se cerró tras el anciano con un fuerte golpe, pero no llamó la atención de nadie dentro. El anciano iba vestido con una túnica sin capucha de color pardusco, raída y descolorida de una manera que solo podía provocar el paso de los años. Echó un vistazo rápido al interior. Era una estancia relativamente pequeña: A la derecha estaba la barra, al fondo una cálida chimenea y a la izquierda había 4 mesas, todas ellas ocupadas. En dos de ellas había 2 nutridos grupos de jornaleros. Otra de las mesas estaba ocupada por 3 jóvenes que apostaban sus monedas a los dados. En la otra había un enano, de una edad indescifrable, que podía variar de los 40 a los 80 años. El anciano se dirigió hacia el tabernero con paso cansino.

– Buenas noches buen hombre. ¿Podéis darme algo de comida caliente y un poco de buen vino?

– Bien hallado seas, anciano. Puedo daros para comer los mejores manjares del Bosque de Dyr, si tenéis monedas para pagarlos.

– Malas noticias son esas, tabernero. No dispongo de ningún bien conmigo ahora mismo, a excepción de este bastón que sostengo en mi mano y de esta túnica que tapa mis vergüenzas.

– Pues lo siento entonces, anciano, pero no puedo ayudados. Esto es un negocio – dijo el tabernero encogiéndose de hombros

– Viejo, venid a sentaos aquí conmigo – dijo el enano que estaba sentado sólo en la mesa. – Y tú Malik, pedazo de cabrón, ponle un cuenco de gachas y un plato de esa mierda de carne de perro, o wargo, o rata de los pantanos o lo que cojones sea que metas en la olla.

– Sabes que mientras sigas teniendo esa bolsa repleta de monedas, estoy a tu servicio – dijo Malik sonriendo, mientras se dirigía al interior de la pequeña cocina situada tras un pequeña puerta tras la barra.

PILLARS-OF-ETERNITY-CONVERSACIONEl anciano se dio la vuelta, hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y se sentó en la mesa del enano.

– Gracias, señor. Llevo días sin probar bocado.

– Jajajjaja… Me han llamado muchas cosas a lo largo de mi vida anciano, pero nunca señor. Jajajaja. Me llamo Dyriot – le dijo mientras extendía su pequeña mano hacia el anciano.

El anciano se la estrechó. – Me conocen por Raitlik. El placer es mio.

Malik llegó con dos grandes cuencos que puso enfrente del anciano. Uno estaba lleno hasta arriba de una sopa caldosa llena de grumos, mientras el otro rebosaba de una mezcla de patatas guisadas y estofado de… de algo. Delante del enano, dejó una enorme jarra llena de cerveza, y depositó sobre la mesa dos más pequeñas para que bebieran en ellas. Dyriot dejó dos monedas en la enorme mano del tabernero. Éste miró las monedas, gruñó de satisfacción y volvió tras la barra.

Raitlik comenzó a comer con las ganas que solo da el hambre, devorando los cucharones colmados la sopa, o lo que demonios fuera eso.

– Decidme Raitlik, ¿qué hace un hombre de bien como vos por estos lares de mala muerte?

– Me ha traído aquí una historia. Una historia demasiado larga y triste.

– ¿Qué os parece si me la contáis? Lo consideraría un pago justo por esa mierda de sopa y el cuenco de carne de mono o de lo que cojones sea que estáis comiendo.

El viejo detuvo la cuchara a medio camino de su boca. – Está bien, si insistís, así sea.- Su mirada se perdió en el vacío durante unos segundos. – Todo empezó con él, cuando viajaba en una caravana de carromatos…

<Cuatro horas y varias jarras de cerveza más tarde…>

Dyriot continuaba con la boca abierta, mirando fijamente al anciano, a pesar de que hacía mas de 3 minutos que el viejo había acabado su historia. Lo que el enano había oído era la mejor historia que nunca le habían contado, ni siquiera de los labios del mejor de PILLARS-OF-ETERNITY-PERSONAJE-SOMBRASlos bardos. El anciano había narrado, de manera brillantemente estructurada, las desventuras que había sufrido durante los últimos días, junto con un dispar grupo de aventureros: Un poderoso guerrero, un sacerdote, una proscrita, una exploradora, una druida y un mago. Además, con el discurrir de los días, el grupo se había encontrado con multitud de compañeros que les habían acompañado durante un tiempo limitado, y a algunos de los cuales habían ayudado en algunos cruzadas personales.

Dyriot no era ajeno a este crisol de profesiones que poblaban el lugar en que se encontraba. A lo largo de los años, se había cruzado por los diversos lugares del Bosque de Dyr a multitud de aventureros buscándose la vida de todos los modos posibles: Bárbaros, Declamadores, Druidas, Guerreros, Monjes, Paladines, Sacerdotes, Exploradores, Proscritos, Cifradores y Hechiceros habían sido los 11 tipos de aventureros con los que se había ido cruzando a los largo de su vida, y de los múltiples trabajos que había tenido que desarrollar para subsistir. Todos ellos se caracterizaban por las numerosas habilidades que poseían, siendo las de una clase concreta totalmente diferentes de las del resto. Algunas de estas habilidades sólo se podían utilizar un número determinado de veces en cada combate, otras después de utilizarlas había que descansar en una posada o campamento para poder volver a usarlas. Con los lanzadores de conjuros pasaba algo parecido: Cada nivel de conjuros tenía un número determinado de hechizos, y a medida que se iban usando, se iban quedado sin poder usarlos de nuevo hasta que descansaran, cuando el número de usos se reiniciaba. Durante los descansos podían también cambiar los hechizos memorizados en sus grimorios.

Era clave para que una aventura tuviese posibilidades de éxito que el patrón que contrataba al grupo realizase la elección sabiamente, de manera que las habilidades de cada miembro fueran complementarias. De poco servía contratar un grupo formado por 3 elfos exploradores con las mismas habilidades y dos humanos bárbaros, si no se disponía de ningún clérigo para sanar al grupo, o de alguna clase capaz de manejar la magia y de eliminar las maldiciones. En opinión de Dyriot, de poco servía contratar a un puto elfo, pero eso ya era un tema personal.

Hacía años que Dyriot había compartido aventuras y lecho con una druida. Leannora. – Joder, que buena estaba, – recordaba para sí el enano. Dyriot siempre pensaba en Leannora como un ejemplo que explicaba el funcionamiento de los combates en la vida real. Leannora tenía la habilidad druídica de poder transformarse en animal una sola vez por combate. Esta habilidad de transformación estaba limitada. Durante los primeros años de su formación, podían elegir una única forma en la que se podrían convertir (oso, jabalí,…) , y esta elección era hasta el fin de sus días, no se podía cambiar. Salvo Leannora, que se podía transformar en osa en la vida real, y podía bramar como un jabalí cuando Dyriot le…. Bueno, dejémoslo, que nos desviamos del tema.

Dyriot retomó su hilo de pensamiento previo. Recordó un combate en particular, muchos años atrás, en los que Leonnora, Dyriot y Annara, una sacerdotisa que era también hermana de Leonnora, a la que se había intentado follar una noche de borrachera y que casi le había dejado eunuco, combatieron con un troll. Al comienzo del combate, Leonnora se transformó en osa, y atacó con sus garras al troll. Leonnora lanzó un hechizo que restauraba una poca cantidad de resistencia de los miembros del grupo cada pocos segundos. Ese hechizo solo podía lanzarlo otras 2 veces más antes de que tuviera que descansar para volver a memorizarlo. Su hermana comenzó a murmurar un bello canto, que podía realizar una sola vez cada combate, y que aumentaba la resistencia de los miembros del grupo que se hallaran cerca de ella. Luego comenzó a atacar al troll con su arco, con el que no tenía demasiada práctica, pero que le permitía estar lejos de la zona de peligro y recibir menos daño.

Recordaba como él mismo entró al combate con un golpe especial que podía usar dos veces por evento, derribando al troll al suelo. En ese momento, todos los ataques que hicieron sobre la bestia, al estar ésta indefensa, le causaron más daño. Al cabo de unos segundos el troll se levantó, y con su enorme po… digo, con su enorme maza, impactó directamente en el pequeño Dyriot, al que no le dio tiempo a esquivar. El golpe le dejó malherido, prácticamente al 20% de su resistencia. Entonces, Leonnora volvió a lanzar nuevamente el hechizo de curación. Ya lo había casteado dos veces, sólo podría hacerlo otra vez más antes de que se quedara sin usos, y tuviera que memorizarlo nuevamente durante un periodo de descanso. Esto levantó la salud de Dyriot al 60%. Oyó como la que una vez casi le corta las pelotas, ahora lanzaba un conjuro para tratar de salvárselas. Sintió un estremecimiento de frío cuando una corriente de midiclorianos (hmm, a Dyriot esto le sonaba que no estaba bien ponerlo aquí, pero qué coño, le gustaba el palabro) recorría su espina dorsal mientras sentía como su resistencia se restauraba al 100%. Leonnora le asestó al troll un golpe terrible con su garra derecha, que impactó de lleno en su cabeza y le dejó medio muerto.

PILLARS-OF-ETERNITY-CENTRO-PODER

Vio como el tiempo máximo que podía permanecer con forma de osa había pasado, y volvía a adquirir su forma humana nuevamente. Ahora tenía que usar su bastón para impactar en el troll. Dyriot aprovechó el momento para hacer su último uso de la habilidad que derribaría al troll. Pero esta vez el cabrón resistió el embite y permaneció de pie. Dyriot se había quedado sin más usos hasta el próximo combate. Vió como Annara tensaba la cuerda y… Joder. Un lobo surgió de pronto tras Leonnora, saltó y atacó a la turgente druida, justo en el mismo instante en que la flecha de la sacerdotisa se clavaba en la cabeza del troll y acababa con el último hálito de vida que le quedaba. Vió como Leonnora sangraba profusamente por una herida causada por los afilados dientes del lobo, pero se había puesto en pie y blandía amenazadoramente su bastón, que chorreaba sangre roja al suelo. La situación era jodida. Leonnora no se podía transformar en oso, porque ya lo había hecho una vez durante ese combate. Dyriot ya había usado dos veces sus derribos, por lo que tampoco podía usar más esa habilidad. El canto de protección de Annara también había sido usado. Dyriot sonrió, apretó el mango del hacha con fuerza y cargó contra el lobo. Qué cojones, habría que hacerlo a lo old school. Se lanzó a por…

Dyriot, se encuentra usted bien? – Preguntó el anciano

El enano miró extrañado a los ojos del viejo, mientras la niebla invisible desaparecía de su mirada, junto con los recuerdos de las dos cimbreantes hermanas.

– Discúlpeme anciano, me embargaron recuerdos de otra época.

– Ah, es normal que los que tenemos una edad vivamos en el mundo de los recuerdos de tanto en tanto…

– Tengo una curiosidad respecto al grupo con el que se embarcó en esa sorprendente aventura. Me parece muy extraño que durante más de cien horas puedan convivir en un mismo grupo razas tan dispares como enanos, elfos, aumauas… sin que vuelen los cuchillos.

– Como ya le he contado, el peligro de la situación que tuvimos que vivir provocó que la mezcla de razas fuera solo una pequeña anécdota.

A pesar de que la raza predominante en el Bosque de Dyr era la humana, era bastante habitual cruzarse en las ciudades principales y por los caminos con Aumauas, Enanos (la más bella de las razas, en opinión de Dyriot), con los putos Elfos, los ya mencionados Humanos, con los Orlanos, y por último, con una raza especial, los Divinos, que eran algunos hijos de humanos que habían sido bendecidos (o maldecidos) por la gracia divina de los dioses. La riqueza de los habitantes del Bosque de Dyr no se acababa aquí, ya que dentro de las razas podíamos encontrarnos con varias sub-razas: Los Enanos podían ser Enanos de las Montañas, como Dyriot, o Enanos Boreales, como Diagnaa, una enana pelirroja que se había estado follando cuando todavía era un retoño barbilampiño que aún no había aprendido a excavar las profundidades de las montañas (entonces le parecía mas interesante excavar las profundidades de las enanas). Dentro de los elfos, los hijoputas podían ser elfitos de los bosques o Elfos pálidos los que te podías encontrar por estos lares, y así sucesivamente con el resto de las clases.

Esta era una región difícil, por lo que era normal que todos los que te cruzabas por caminos, tabernas y pueblos fueran armados hasta los dientes: No era de extrañar ver guerreros enanos o aumauas con armas cortantes (como dagas, sables, espadas de dos manos y hachas), armas punzantes ( estiletes, espadas de una mano, estoques, floretes, lanzas o picas) de impacto ( mazas, martillos de guerra ), arcos, ballestas, armas de fuego (arcabuces, pistolas) y diversos tipos de varas de combate. Los conjuradores solían ir armados con pequeñas dagas o bastones, y sus siempre temibles grimorios, donde almacenaban los conjuros, listos para ser lanzados en combate.PILLARS-OF-ETERNITY-ARMAS

No se quedaban cortos tampoco en cuando a protección. Los escudos eran el complemento de moda, tanto pequeños, medianos como los grandes y las armaduras provocaban tintineos del metal constantemente por las calles, con su origen en las cotas de mallas y armaduras de placas. Los ropajes de magos, sacerdote, druidas y ladrones eran mas silenciosos, pero no por ello mas discretos, destacando la ropa de piel o tela holgada y los ajustados petos de cuero.

Dyriot aprendió desde pequeño a confiar más en su hacha que en su cota de malla. Su padre le enseñó de joven que una primera ostia dada a tiempo, equivalía a ganar medio combate. El pequeño Dyriot siempre asimiló que el orden correcto era primero hacer algo, y luego pedir perdón en caso de que saliera mal. Si esto fallaba, a correr. Esto último también le valió una vez que se fue de putas sin llevar dinero.

– Anciano, antes me habéis dicho que os habéis visto encaminados a cruzar multitud de mazmorras en estos días. ¿Qué opináis de su diseño?

El viejo se inclina sobre la mesa y se sirve una nueva jarra de cerveza. – ¿De su diseño? – Pregunta extrañado frunciendo el ceño.

– Joder, soy un maldito enano. Lo llevamos en la sangre. Si hay un puto estereotipo de nuestra raza es que somos unos magníficos constructores, que nos gusta ampliar nuestro conocimiento arquitectónico siempre que podemos, y qué mejor manera que preguntandoos a vos, que acabáis de disfrutar de una compleja y rica historia como no había escuchado desde que hace muchos años escuché a un bardo contar y cantar la que llamaba la Balada de Baldur´s Gate

– Hmmm sí, la mítica historia de Baldur´s Gate… ¿Diríais que os gustó más mi historia?

– Igual me llamáis blasfemo, pero diría que la vuestra no tiene nada que envidiar. Diría que la manera que está contada es jodidamente brillante. Algunas de las historias de los personajes con los que habéis viajado son dignas de Baldur´s Gate, aunque hay un par de ellos cuya trama me parece demasiado anodina.

– Interesante, mi joven amigo, interesante… Nunca pensé escuchar a nadie decir eso.

– Ni yo pensé nunca pronunciar esas palabras… – una sonrisa atraviesa su cara. – Pero retomando el tema, no respondisteis mi pregunta. Las mazmorras, anciano.

PILLARS-OF-ETERNITY-MAZMORRAS– Ahhh, de las mazmorras solo puedo hablar bien. A pesar de que todas ellas estaban plagadas de grupos de enemigos cada dos por tres, su diseño era magnífico. – Los ojos del anciano brillaban de emoción. – Al principio nos encontramos que su tamaño no era demasiado grande, aunque la complejidad de los enemigos que la defendían, como nuestro grupo no era muy numeroso ni habilidoso, nos suponía un desafío moderado. Pero cuando pudimos alquilar compañeros adicionales en las tabernas para completar nuestro grupo a 6 miembros, la cosa mejoró. Aunque también es cierto que algunas mazmorras tuvimos que dejarlas y volver más adelante, cuando nos habíamos hecho más fuertes.

– ¿Y qué hay de las últimas? Ya sabes, donde discurrió…

– ¡Sé a que os referís, no lo volváis a mencionar! – Dijo el anciano encogiéndose de temor. – De las últimas solo recuerdo el silencio, la oscuridad, los múltiples niveles de profundidad, diseñados de manera magnífica por una mente enferma y retorcida. Ya os he contado que perdí a numerosos compañeros en ellas.

– Es algo habitual. A mi me ha pasado. Algunos compañeros caen incapacitados en un combate, pero se recuperan y más adelante se puede contar con ellos de nuevo.

– No enano, no esta vez – dijo el anciano con voz triste – Muertos. En esta aventura algunos de mis compañeros han perecido para siempre. Disculpadme, he de ir al huerto a mear, vuelvo ahora – señaló el anciano mientras se levantaba con lágrima en los ojos.

<Una meada mas tarde>

-Cambiando de tema, me comentasteis antes que a lo largo de vuestra aventura os hicisteis con el control de un baluarte. Es una de las partes que me ha parecido más interesantes y novedosas de vuestra historia. ¿Qué más podéis contarme?

– Ahhh, el baluarte. Cuando nos hicimos con él estaba totalmente en ruinas. Pero fuimos invirtiendo tiempo y dinero para ir ampliándolo. El dinero, poco a poco y el tiempo, un montón. Reformamos la posada para poder dormir allí, y luego fuimos reparando las estancias que existían y construyendo otras nuevas. Esto provocaba que cuando descansábamos en nuestra fortaleza, nos proporcionara bonificaciones a nuestro descanso en función de las estancias operativas que teníamos. También contratamos mercenarios para que nos ayudaran a defenderlo de los múltiples ataques que fuimos sufriendo.

– Humm, interesante. ¿Alguna característica adicional?

– Si, como ya os he contado, nuestras aventuras discurrían en grupos pequeños. Para no levantar sospechas, nunca excedíamos los grupos de 6 miembros. Así, los que no podían venir con nosotros, se quedaban descansando en el baluarte, pero periódicamente podían realizar expediciones por su cuenta, para sacar algunas monedas extras.

– Me gusta esa parte del baluarte anciano.

– No os creáis. A pesar de que fue una bonita novedad, cuando miro atrás creo que estuvo un pelín desaprovechada. Fue buena idea el que nos hiciéramos con el baluarte, pero creo que pudimos sacarle mucho más partido. Cuento con que mi cuerpo aguante para que pueda realizar nuevas aventuras en el futuro. Si es así y me hago con otro baluarte, trataré de sacarle más rendimiento. – Dijo con un sonrisa pícara.

Dyriot se servía de una nueva jarra de cerveza. Rellenó la suya  y la del anciano.

– Hay una cosa que me llevo preguntando desde hace un rato. ¿Cómo fue vuestra relación con el resto de los miembros del grupo? ¿Conversabais, compadreabais, follabais entre vosotros o simplemente trabajabais juntos sin más?

– Era una relación muy estrecha. Siempre que alguno de nosotros tenía un problema personal, nos desplazábamos donde hiciera falta para ayudarle a solucionarlo. Era muy habitual que conversáramos entre nosotros, algunas veces eran comentarios intrascendentes, pero lo normal era que fueran conversaciones personales de gran calado, con gran importancia para la historia principal que nos llevó a todo ello. Y de follar, yo llevo desde el 49 que no…

– Vale, vale, ya lo pillo anciano. Lo de abajo no te funciona, ¿pero que tal estás de la vista y del oído?

– ¿De la vista y oído? – preguntó sorprendido el viejo.PILLARS-OF-ETERNITY-GRAFICOS

– Sí, ¿que te parecieron los lugares por los que viajaste? ¿Eran bonitos? Dignos de llevar a una enana de buena familia para dejarla llevar por su pasión desenfrenada y que se porte como una elfa salvaje?

– Bueno, ahora que lo mencionáis, algunos parajes me parecieron dignos de destacar, con múltiples luces y efectos de colores que lo realzaban tremendamente. Lo normal en estos periplos aventureros es que sucedan en decorados sin demasiados detalles, sin destacar demasiado por su belleza, pero sí, todos los lugares que me encontré parecían haber sido diseñados por un magnífico pincel. Respecto al sonido que me preguntasteis antes, a pesar de no llevar con nosotros ningún bardo, si que tengo grabadas algunas musiquillas en mi mente. – Añadió reflexivamente – A pesar de que no recuerdo ninguna especialmente, tengo que decir que guardo un grato recuerdo del conjunto, resultaban muy adecuadas.

La noche caía fuera de la taberna Pillars of Eternity. Los jornaleros se habían ido ya hacia tiempo a sus casas, y la mesa había sido ocupada por más jugadores de cartas. El tabernero prácticamente dormitaba en la barra, con un brazo apoyado y uno de sus ojos que se abría de cuando len cuando para vigilar a la clientela.

– Bueno Dyriot, creo que ha llegado el momento de partir. Quiero agradeceros esta magnífica cena y estupenda bebida.

– No anciano, permitidme a mi agradeceros la increíble historia que me habéis narrado. He pasado unas horas magníficas. No creo que las monedas que han costado vuestra cena y las cervezas que habéis bebido compensen esto.

– Sabéis Dyriot… Algo me dice que más adelante me veré forzado a embarcarme en nuevas aventuras por estas tierras. ¿Estaríais dispuestos a venir conmigo? – Preguntó el anciano, ya puesto en pie y apoyándose en su cayado.

– Jajajja, no me lo perdería por nada del mundo viejo. Contad conmigo. Podréis encontrarme por…

– No os preocupéis, si hace falta, sabré donde encontraros – le dijo mientras le tendía la mano.

El enano se la estrechó con una sonrisa. El anciano se dio la vuelta y se encaminó a la puerta. Pasó por delante del tabernero, le hizo un gesto con la cabeza, abrió la puerta y salió, cerrando tras él.

– Acojonante… – murmuró para sí el enano. Dyriot se levantó, recogió su capa se la puso y se dirigió a la salida. Algo brillante en el suelo llamó su atención. Se agachó y recogió una pequeña piedra traslúcida, de colores cambiantes y muy llamativa. Justo en el momento en que la tocó, un relámpago en el exterior rasgó la noche, e iluminó de súbito el interior de la taberna. Dyriot se asustó. Giró rápidamente la cabeza hacia la puerta, se puso en pie y salió corriendo. Abrió el portón de madera de un brusco tirón y corrió unos metros al exterior. Se detuvo, miró hacia todos lados, pero no vio rastro del anciano. La calle estaba vacía, nadie podía esconderse a la luz de las antorchas. Había desaparecido. Repentinamente, comenzó a diluviar.

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Acerca de Nomius

Soy el sable laser en la Oscuridad. Y el Rey más allá del Muro Cantábrico. Catador de Cervezas y un poco indecente. Designed in Asturias.

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4 Comentarios

  1. EL pequeño extracto del poema no es anónimo, es de William Blake.

    To see the world in a grain of sand,
    And Heaven in a wild flower,
    Hold infinity in the palm of your hand
    And eternity in an hour.

  2. Gracias Kuillar, donde yo había consultado el poema, lo indicaban como anónimo.

  3. Nada, un placer. Tanto como leeros y escuchar vuestro podcast. Un abrazo.

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