Esta vez es personal Football Manager 2015 – Análisis

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El síndrome del impostor es un trastorno psicológico caracterizado por la imposibilidad de asumir como ciertos o merecidos los logros y capacidades intelectuales atribuidos a uno mismo. El término fue empleado por primera vez en 1978, como resultado de un estudio llevado a cabo por una pareja de psicólogas clínicas de la universidad de Georgia sobre un grupo de más de 150 mujeres de contrastado éxito intelectual o profesional. Un número significativo de dichas mujeres mostraban cuadros de ansiedad o depresión, y una generalizada carencia de autoestima, siempre con la misma raíz: el temor, absolutamente irracional e infundado, de que tarde o temprano alguien descubriera que no eran merecedoras de su posición.

A buen seguro, una sensación similar debió recorrer el espinazo de Brian Clough en el verano de 1974. Tras ascender de manera meteórica e inexplicable al humilde Derby County de los abismos de la segunda división, donde llevaba arrastrándose diez largos años, hasta hacerse con el título de campeón de la Premier, Clough se enfrentaba a un reto aun mayor, asumiendo el mando de su máximo rival, el por entonces intocable Leeds united. Tras 44 días en el cargo, y el peor arranque liguero en 20 años, la directiva del Leeds lo ponía de patitas en la calle. Y por primera vez en su vida, el arrogante Clough descubría lo que se sentía al dudar de sí mismo.

Así nos lo cuenta The Damned United, película del año 2009 que narra el ascenso y caída del mánager que más tarde sería recordado en inglaterra como el más grande de todos los tiempos. Una historia de pasión, de ambición, de grandes estadios y charcos de barro, de futbol, y ante todo una historia sobre la obsesión, términos todos estos que no resultarán extraños a los que todos los años pasamos demasiadas horas respirando Football Manager. Eran tiempos distintos, donde se fumaba en los vestuarios y los jugadores tenían sueldos no tan obscenamente apartados de la realidad, pero tras toda la cinta resuena una idea, la misma que hace que cada año invirtamos cientos, miles de horas frente a lo que en apariencia podría ser una hoja de cálculo. Tras los números, las estadísticas, las pizarras y los porcentajes de pases acertados, hay personas.

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Hablábamos en el reciente análisis de Fifa 15 de lo que implica a nivel casi metafísico la faceta de simulación presente en cualquier videojuego, y en particular la simulación deportiva, quizá el género moderno que más directamente herede de los juegos de rol clásicos el gusto por reducir la realidad a un conjunto de estadísticas explícitas y directamente observables por el jugador. Llama la atención que esto sea así, en un escenario en el que los propios RPG han ido abandonando paulatinamente el número desnudo en sus adaptaciones al videojuego, o al menos lo han apartado de los focos, condenándolo a funcionar bajo el capó, alimentando los motores del barco mientras los más atractivos sistemas de físicas o combate en tiempo real se comen los morros subidos al mascaron de proa. Los juegos deportivos se han convertido en el último reducto de la ficha de personaje dentro del videojuego mainstream, y en este sentido la saga Football Manager es el carbonero irlandés que se abre a tiros camino hasta las cubiertas de primera clase, dejando el paso libre para sus compañeros. Es rocoso y mal encarado, y su militancia en este sentido es tan absoluta que incluso parece intuirse que el motor gráfico que alimenta la reproducción de los partidos es intencionalmente feista, una concesión hecha con desgana en un lugar donde reinan la tabla estadística y las medias de regate.

Su apuesta es sencilla: ponernos a los mandos de una entidad deportiva, y reproducir desde ese momento una historia alternativa del fútbol a nivel planetario, en una sucesión de tablas numéricas tan absolutamente safe for work que podrían convivir – y a buen seguro lo hacen – con facturaciones y albaranes en cualquier edificio de oficinas. Esto siempre ha sido así en la serie, y tiene algo de milagroso su capacidad de construir historias memorables, que nos acompañarán a lo largo de toda la vida, partiendo de una mecánica a priori tan fría. En lo que es quizá el ejemplo más puro del tan traído y llevado concepto de la jugabilidad emergente, el devenir de las temporadas y el inexorable incremento del contador de horas jugadas va transformando el a priori abrumador caudal de datos en triunfos, gestas épicas y sonadas decepciones; en culebrones veraniegos, carreras que vemos nacer y apagarse, e incluso en vínculos emocionales que alcanzan más allá de lo razonable, porque un puñado de números deja de serlo tanto cuando nos traiciona para irse a la Juventus por cuatro cochinos euros y una cláusula de renovación automática del 25%. Y es en este apartado donde Football Manager 2015 toma la decisión más inteligente: apostarlo todo al factor humano.

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El factor humano, la gran incógnita a despejar en el aparentemente perfecto dibujo táctico del señor Clough. Tras haberlo ganado todo, y con un plantel de estrellas a su disposición, resultaba difícil encontrar una explicación lógica a semejante debacle en la tabla clasificatoria. Es de nuevo una situación familiar, que tiene en este Football Manager 2015 la misma explicación que entonces: de nada sirve apelar a la lógica cuando tu equipo te odia. No es la primera edición de la serie que incide en este apartado, el de la gestión psicológica, pero con esta entrega Sports Interactive lanza un mensaje tan contundente como acertado: en el futbol moderno, el saber lidiar con los egos de un vestuario lleno de multimillonarios imberbes es quizá más importante que decidir quién va a lanzar los corners por la izquierda. En este sentido, a las anteriormente vistas charlas con prensa y equipo técnico, o las arengas prepartido, se suma una mareante cantidad de opciones de contacto personal, aumentando nuestro abanico de opciones ante una situación complicada pero complicando a su vez el volumen de la microgestión, hasta tal punto que el juego nos ofrece la posibilidad de delegar parte de estas funciones sobre diferentes miembros de nuestro cuerpo técnico.

De no hacerlo, nuestras posibilidades se multiplicarán, pudiendo dirigirnos a cualquier miembro de nuestra plantilla de manera conjunta o individual para, por ejemplo, apelar a su corazoncito y a su fidelidad a los colores para apuntalar una renovación una vez agotada la negociación monetaria. A su vez, nuestros jugadores no dudarán en llamar a nuestra puerta para exigirnos la carta de libertad ante una oferta de un club más potente, y tendremos que actuar con mano izquierda si no queremos enfrentarnos a un jugador desmotivado sobre el campo, o lo que es aún peor, un verdadero motín en el vestuario. Las posibilidades son infinitas, y aunque puede resultar tentador enviar al susodicho niñato a entrenar con los juveniles hasta final de temporada, puede que lo lamentemos al enfrentarnos al día siguiente a una charla grupal con 14 jugadores exigiendo explicaciones mientras nuestro principal aliado en el vestuario está cedido en el Southampton. Creedme, hablo por experiencia.

Ese salto cualitativo en el aspecto emocional del futbol no está limitado a la gestión a largo plazo de nuestro grupo, ni siquiera a nuestra relación con los jugadores. Ahora, además de poder influir sobre la moral de la tropa antes y después de los partidos en las charlas de equipo, no tendremos que esperar al túnel de vestuarios para amenazarles de muerte porque la banda izquierda es un despiporre, y podremos poner a prueba la paciencia del cuarto árbitro con todo tipo de instrucciones gritadas desde la misma banda. Y si realmente nos va la marcha, podremos seguir despachándonos a gusto en la sala de prensa, jugando al poli bueno con los periodistas que nos bailan el agua y montando operetas al más puro estilo Mourinho, abandono prematuro de la sala incluido. Si nos sentimos especialmente creativos, incluso podríamos delegar el asunto en el segundo entrenador, y fichar para el puesto a Karanka. Por imaginación que no quede.

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El segundo gran pilar sobre el que se edifica la renovación de este año, y su apuesta por el factor personal, es el radical lavado de cara experimentado por el sistema de ojeo. Hasta ahora, los ojeadores cumplían en Football Manager un papel secundario, una fuente alternativa de informes sobre jugadores relativamente desconocidos que generalmente perdía relevancia frente a la mayor flexibilidad del sistema de filtrado de búsquedas manual. En esta nueva edición, y de manera más fidedigna respecto al funcionamiento de un club en el mundo real, ambas herramientas se han fusionado, y tanto la base de datos sobre la que realizar nuestra búsqueda de talentos como la cantidad de información disponible sobre cada jugador individual dependerá única y exclusivamente de nuestra red de ojeadores y los conocimientos del resto de nuestro personal. De esta manera, una búsqueda de jóvenes promesas no arrojará resultados en áfrica si ningún miembro de nuestro staff tiene conocimientos sobre dicho continente, y fichar a un preparador físico brasileño o firmar un acuerdo de colaboración con un equipo de la segunda división holandesa nos abrirá las puertas a cientos de nuevos talentos de ligas anteriormente desconocidas. El nivel de detalle es tal, que incluso tiene en cuenta nuestras decisiones a la hora de elaborar nuestro perfil de manager: por muy divertido que pueda parecer, quizá elegir como segunda nacionalidad “andorrano” no sea la opción más inteligente. Vuelve a hablar la experiencia, claro.

Football Manager 2015 screen 3Una vez realizada la búsqueda, el nuevo sistema de ojeo incorpora otra novedad determinante en su búsqueda del realismo y de hacernos la vida un poquito más miserable: los ojeadores no son infalibles, y quizá un par de partidos de la tercera división brasileña no sean suficientes para determinar la capacidad de remate de Renaldinho con más exactitud de “entre 13 y 19”. Un nuevo palo en las ruedas en nuestra búsqueda de la gloria intercontinental, que los renovados ojeadores vienen a suplir con su capacidad, ahora sí, de dejar aparcadas las búsquedas generales para acometer tareas más específicas, como buscar jóvenes talentos del mediocampo en asia o encontrar un recambio económico para el mediocentro que está jugando con nuestro esquema. Cada labor requerirá de un conjunto de habilidades bien específico, y un ojeador con conocimientos en Sudamérica y criterio a la hora de evaluar jugadores jóvenes puede probarse una mejor inversión para el club a largo plazo que muchos arietes de relumbrón. Además, la forma de presentar dichos informes ha sufrido una muy necesaria renovación, pudiendo acceder de un simple vistazo a una lista de pros y contras basada en iconos para comprobar si nuestro objeto de deseo va bien de cabeza o le gustan demasiado las discotecas. La información, de nuevo, es poder.

En el plano táctico, el verdadero corazón de la saga, y motor básico de su jugabilidad una vez transcurridas las diversas ventanas del mercado de transferencias, la profundidad ya era tal que las innovaciones en la presente edición quedan relegadas a un puñado de roles para diferentes demarcaciones y unas cuantas instrucciones de equipo que añadir al ya abultado set de ediciones anteriores. Y como ya sucediera en estas, vuelve a repetirse un fenómeno que tiene mucho que ver con el citado síndrome con el que iniciábamos el texto. Resulta muy fácil hablar de futbol en los bares, pero la cosa se torna bastante más peluda cuando nos enfrentamos a una plantilla millonaria que no para de caer en la clasificación víctima de nuestra ineptitud. Y es que, admitámoslo, casi ninguno sabemos qué demonios debería hacer exactamente un trequartista, y no me gustaría comprobar de primera mano la reacción del parroquiano medio ante la mención de la incorporación estrella entre los roles de este año, el carrilero invertido.

Football Manager 2015 screen 2Las buenas noticias vienen al comprobar que, a diferencia de lo que sucede en la gran mayoría de aproximaciones a la táctica futbolística en otros simuladores, aquí nuestras decisiones tienen un efecto inmediato y perfectamente visible. La representación del partido, como comentábamos antes, y pese a los esfuerzos realizados este año, sigue siendo muy pobre desde el punto de vista técnico, pero suple una vistosidad innecesaria con el reflejo constante y fidedigno de nuestras decisiones tácticas en el partido. La táctica, y su adecuada combinación con las capacidades de nuestra plantilla, es absolutamente determinante, y no es infrecuente dar un giro radical a una temporada aciaga con un par de toques al tempo y un replanteamiento de nuestra manera de presionar en campo contrario. Football Manager, en definitiva, nos hace aprender de futbol, de futbol real, y pocas sensaciones hay más satisfactorias en el panorama del videojuego como apostar por un sistema y verle triunfar tras cientos de horas sabiendo en cada momento el por qué y el cómo de cada decisión.

Toda esta profundidad, por desgracia, viene con un precio a pagar, y en este caso el reverso tenebroso es la más que frecuente sensación de verse sobrepasado ante una cantidad de opciones que simplemente no nos vemos capacitados para afrontar. Quizá se trate de un problema inherente al propio género, pero lo cierto es que la saga lleva ya unos cuantos años suponiendo no solo un escollo casi insalvable para el jugador primerizo, sino una tarea demasiado laboriosa incluso para los más familiarizados con sus mecánicas cuando llega el momento de comenzar una nueva partida o hacerse con los mandos de una nueva entidad. Afrontar esas primeras horas, organizar cada pequeño parámetro de nuestro nuevo club y configurarlo todo a nuestro gusto termina pareciéndose demasiado a un trabajo de oficina, y pese a que Sports Interactive continúa haciendo esfuerzos en pos de la usabilidad, la de este año vuelve a ser una oportunidad perdida a la hora de introducir algún tipo de asistente que unificara de alguna manera todas las tareas de configuración temprana.

Dichos esfuerzos, por tanto, vuelven a pasar por la inclusión de un modo classic, que busca la simplificación de la experiencia pero que vuelve a quedarse corto en opciones con el paso de las temporadas, y un rediseño radical de la interfaz de usuario, que bien podría ser la diferencia más significativa de la presente edición. A fin de cuentas, puede que haya quien piense que un simple rediseño del sistema de menús no pasa de ser una mero detalle estético, pero en un juego basado al 100% en el acceso inmediato a la información y diseñado para soportar el paso de miles de horas se trata de un asunto de una importancia capital. En este sentido la labor del equipo de desarrollo ha sido impecable, reorganizando de una manera muy inteligente un interface que vuelve a basarse en una barra de categorías lateral y un sistema de subpestañas para cada una de las categorías madre, coronado con un campo de texto superior inspirado en la barra de direcciones de un navegador web común, que nos permitirá acceder de manera inmediata a cualquier concepto, categoría o persona del mundo de juego. La gestión del espacio disponible en pantalla es casi siempre óptima, y toda la información y las opciones posiblemente relacionadas con la tarea que nos ocupa en cada momento raramente está a más de un click de distancia. Supongo que se trata de una cuestión de gustos, o lo amas o lo odias, pero en la opinión del que suscribe, el citado rediseño justifica por si solo el precio de entrada de la entrega de este año.

Una entrada que se paga con gusto, porque Football manager 2015 vuelve a significar, como lleva significando todos estos años, una nueva oportunidad, de hecho, la mejor, de hacer realidad una de esas maravillosas fantasías que solo son posibles en este medio. La oportunidad de sentarse frente a una pantalla y crear algo con nuestras propias manos, cuando estamos tan acostumbrados a destruir. La oportunidad de echarse a las espaldas al equipo de nuestros amores y llevarle a ganar la Copa de Europa. Y en el camino, generar cientos de historias, y compartirlas con los amigos, y presumir ante un nuevo fichaje porque “a ese lo tuve yo en el Sporting”.

Hay quien dice que son historias imposibles, pero se equivocan. Clough lo hizo, se levantó, se lamió las heridas, y tras abandonar Leeds volvió a hacerse cargo de un equipo humilde, el Nottingham Forest, en la segunda división inglesa. El 30 de mayo de 1979, cuatro años después, el capitán del Nottingham levantaba la Copa de Europa en el estádio olímpico de Munich. Volvería a hacerlo el verano siguiente, entrando para siempre en el olimpo del futbol inglés como el único manager ganador de dos copas de europa consecutivas. A nosotros puede llevarnos cientos, miles de horas, pero en palabras del propio Clough, “Dicen que Roma no se hizo en un día. Pero yo no estaba dirigiendo aquel trabajo.”

 

Acerca de Enrique Alonso

Nintendero en el exilio y faro de la moral de occidente. Adicto al PSG y a las Lays Gourmet de corte fino. En bañador gano mucho.

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2 Comentarios

  1. Ayyyyyyyyyyyyyyyyy Que vida tan miserable esta que nos hay tiempo suficiente para jugar solo a esto.

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